La respuesta más responsable es: puede ayudar a algunas personas, pero no sustituye un tratamiento profesional.
La evidencia general sobre intervenciones asistidas con animales resulta prometedora, especialmente para determinados resultados psicológicos. No obstante, los resultados obtenidos con perros, caballos u otros animales no pueden trasladarse automáticamente a los burros.
De hecho, la revisión específica sobre terapia asistida con burros encontró únicamente cuatro estudios observacionales que cumplían sus criterios. Tres fueron considerados de calidad metodológica baja y uno de calidad moderada. Los autores concluyeron que hacen falta estudios más amplios y mejor controlados antes de establecer conclusiones firmes sobre su eficacia.
Más que acariciar a un animal
Las intervenciones asistidas con animales pueden incluir actividades estructuradas y objetivos concretos. No se trata simplemente de visitar una granja y tocar un burro.
En determinados programas, las sesiones pueden incluir acercamiento progresivo, cuidado del animal, interacción física, ejercicios de comunicación y actividades destinadas a desarrollar autonomía o habilidades sociales.
La revisión científica sobre burros encontró posibles beneficios relacionados con la comunicación no verbal, la interacción social, la autoestima y la autonomía en algunos grupos estudiados.
Por eso, cuando se habla de “terapia asistida con burros”, es importante diferenciarla de una actividad recreativa con animales. Una terapia propiamente dicha debería contar con objetivos definidos y profesionales capacitados.
El bienestar del animal también importa
Existe otro aspecto fundamental que no debería quedar fuera de la conversación: el bienestar del burro.
Una intervención beneficiosa para las personas debe desarrollarse respetando las necesidades físicas y conductuales del animal. El contacto excesivo, el estrés, el ruido o una manipulación inadecuada pueden afectar negativamente al animal.
Los investigadores que revisaron la evidencia sobre terapia asistida con burros señalaron precisamente la necesidad de incluir medidas específicas de bienestar animal en futuras investigaciones.
Esto refuerza una idea sencilla: la relación debe ser beneficiosa y respetuosa para ambas partes.
Una alternativa complementaria, no una solución milagrosa
Para alguien que disfruta de los animales, pasar tiempo con un burro puede convertirse en una experiencia agradable y significativa. Puede fomentar el movimiento, el contacto con la naturaleza, la interacción social y momentos de tranquilidad.
Pero las personas que experimentan ansiedad persistente, ataques de pánico, depresión u otros problemas de salud mental deberían buscar también orientación de un profesional cualificado.
Las actividades con animales pueden complementar determinadas estrategias de bienestar, pero no deberían reemplazar medicamentos, psicoterapia u otros tratamientos indicados por un profesional.






